Es lógico que cualquier persona se sienta orgullosa de recibir los méritos por un nuevo invento y por ello quiera protegerlo como si fuera su hijo. Un tema que aborda el fraude científico y el plagio. La patente solventa muy bien el dilema moral de quién ha desarrollado esa nueva idea. Lo mal que le tubo que sentar a Antonio Meucci que se le achacase la invención del teléfono a Graham Bell. La libertad de uno termina donde empieza la de otro, y para ello hay que poner una muga.
Coincido con la idea que persigue la patente (proteger los derechos de autoría), es algo necesario pero está mal interpretada en el sistema capitalista en el que vivimos, a mi parecer debería ser gratuita. Es curioso que para proteger la explotación de un producto y el beneficio que puedan obtener terceros haya que pagar a una empresa para que lo proteja. Desde mi punto de vista, un desarrollo científico se tendría que publicar sin necesidad de buscar un fin económico, hasta la mismísima publicación debería ser gratuita.
Tal y como está tomada la idea de patente, si pienso que frenen el desarrollo científico. La ciencia ya está generada, que necesidad existe de explotar económicamente su divulgación y producción.
Muchas gracias por tu participación en el curso
ResponderEliminar